KARAK, JORDANIA – (La Opinión en Texas) – Una ceremonia fúnebre en una iglesia cristiana del sur de Jordania terminó en tragedia este viernes 23 de octubre, cuando varios hombres armados dispararon contra las personas que se encontraban reunidas en el lugar. El ataque dejó al menos siete muertos y 40 heridos, según el balance más reciente de las autoridades sanitarias del país, que mantienen un operativo para localizar a los responsables.
La agresión ocurrió en la iglesia ortodoxa griega de Hamoud, ubicada en la gobernación de Karak, aproximadamente a 180 kilómetros al sur de Amán, la capital jordana. Decenas de familiares y conocidos participaban en un funeral cuando los atacantes llegaron a las inmediaciones del templo y comenzaron a disparar. Testigos señalaron que las detonaciones se prolongaron durante varios minutos, provocando escenas de desesperación entre quienes intentaban escapar o protegerse.
Las imágenes captadas por una cámara de seguridad y difundidas por la televisión estatal Al-Mamlaka muestran a tres individuos armados disparando desde el exterior de la iglesia. Los agresores utilizaron árboles y una estructura baja como protección antes de avanzar hacia la entrada del edificio. Las autoridades desplegaron unidades policiales y equipos de emergencia en la zona, mientras los servicios médicos trasladaban a las víctimas a hospitales cercanos.
El director de Seguridad Pública de Jordania, Abdallah al-Maaytah, confirmó que numerosos heridos continuaban recibiendo atención médica después del tiroteo. El ministro de Salud, Ibrahim al-Budour, informó que dos de los lesionados se encontraban en estado crítico. Entretanto, las fuerzas de seguridad iniciaron una búsqueda de los sospechosos y comenzaron a recopilar testimonios y grabaciones para establecer cómo se organizó el ataque.
El ministro del Interior, Mazen al-Faraya, atribuyó la agresión a individuos extremistas, aunque aclaró que todavía no existían elementos suficientes para determinar si pertenecían a alguna organización conocida dentro o fuera del país. Hasta el momento, ningún grupo había reivindicado la responsabilidad. Las autoridades calificaron lo sucedido como un acto terrorista, pero la identidad de los atacantes y sus posibles vínculos seguían bajo investigación.
El rey Abdalá II se trasladó a Karak después de conocer la magnitud de la tragedia y aseguró que el Estado respondería con firmeza contra quienes participaron en el ataque. El primer ministro, Jafar Hassan, también condenó los hechos y señaló que el extremismo no debe poner en peligro la convivencia entre las distintas comunidades religiosas del país. Las expresiones de rechazo se extendieron a representantes religiosos y organismos internacionales, que manifestaron solidaridad con las familias afectadas.
La violencia ha causado una profunda conmoción en Jordania, un país de mayoría musulmana donde la comunidad cristiana mantiene una presencia histórica y los ataques contra sus lugares de culto son poco frecuentes. Mientras continúan las investigaciones, las autoridades trabajan para identificar y detener a los responsables, al tiempo que los hospitales atienden a los sobrevivientes. El balance de víctimas podría modificarse conforme avance la recuperación de las personas heridas.







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